Kids, this is the story of How I Met your Aunt Robin…

XR6TwmZ

Pretty much.

 

Hace ya nueve años, Bob Saget abría una prometedora nueva comedia con un voice over que pasaría a la fama de forma automática. Nos narraba de forma casual las vidas e infortunios de un grupo de cuatro amigos neoyorkinos (where else?) cuyos usos y costumbres se vieron radicalmente modificados por la llegada de un quinto integrante a su particular dinámica: Robin Scherbatsky. Lo demás, es agua debajo del puente y ahora, nueve temporadas después, es momento de que How I Met Your Mother llegue a su ya necesaria conclusión.

HIMYM nunca fue una comedia brillante que tocara niveles comédicos inimaginados (como Louie), tampoco fue una fuerte parodia de lo terriblemente estúpida que es la humanidad en su intento fallido por ser civilados (como It’s Always Sunny in Philadelphia) y, mucho menos, intentaba ser el sucesor de Friends, lo cual, viendo atrás el legado, terminó ganándose con sudor dicho trono. HIMYM siempre apuntó a ser una comedia honesta, sencilla, divertida y que en sus mejores momentos alcanzó a tocar las puertas de la gloria de Los Grandes Sitcoms de Todos los Tiempos. El problema de HIMYM nunca fue no ser graciosa, o no ser inventiva o no contar con un cast lleno de talento (catapultó al estrellato automático a la hermosa Cobie Smulders, le dio su merecido lugar a Jason Siegel como referente de la comedia actual, revivió la carrera de Alyson Hannigan y de Neil Patrick Harris y… well… ¿ algo, algo Josh Radnor?), su problema fue, hasta el último minuto, la constancia.

Pero pasemos directamente a la reseña del episodio, para poder desarrollar en concreto éste punto. Obvio, spoilers ahead. OBVIO.

 

BARNEY + ROBIN

Ajá. Se casaron. Awesome. Toda la última temporada se desarrollo entorno a dicho evento. 22 episodios para llegar al momento en el que Robin Scherbatsky, la mujer que descubrió, por fin, el amor en el lugar menos esperado y de quien se puede decir, sin temor a equivocarme, que sufrió más que los demás para llegar a éste punto, dijera por fin que sí. Yay! She said yes! Fucking-a. Barney, a pesar de ser el personaje más plano de toda la serie, el más unidimensional, pasa por un gran arco en el que redefinen su personaje como un hombre que sabe amar cuando vale la pena. Un hombre decidido a cambiar su forma de ser por el amor de su vida. Un hombre que demostró una y otra vez, con hechos y palabras, lo mucho que le importaba Robin, al grado de sacrificar su amistad con su Best Bro, Ted Fucking Mosby.

Robin. Pobre Robin. Robin, que estuvo condenada a vivir bajo la sombra de la infatuación no requerida de Mosby. Robin, que pasó por el terrible dolor de saber que nunca podrá ser madre y que, por ende, será una mujer incompleta en base a lo que su grupo de amigos se han dedicado a ponerle en cara por nueve años acerca de cómo y qué debe de ser La Vida. Robin, que pasó de ser un personaje destinada a no pasar de interés romántico a cargar temporadas enteras sobre sus hombros. Robin que aprendió a aceptar que se merece cosas mejores, como a un hombre decidido hasta a cambiar su arraigado estilo de vida por ella.

Well, fuck that. 

Antes de la mitad del primer episodio de éste doble final Robin y Barney ya habían firmado los papeles de divorcio. ¿Por qué? Oh, claro, el ritmo acelerado de mujer moderna de Robin era demasiado para el pobre Barney. Sin pelear por su matrimonio, por su relación. Sin realizar el menor esfuerzo por salvar tres años de los mejores momentos de su vida. Así, sin más. Kapoom. Ce’st Finite. Y así, veintidós episodios de toparnos con los peores chistes y running gags (fuck you Linus) de toda la serie fueron invalidados. Así, sin más, como los tres años de trabajo complejo por los que pasaron Robin y Barney y, claro, su adorado Ted Mosby.

LIFE GOES ON…

¿Recuerdan cuando les hablé de la carencia de constancia de la que sufría HIMYM? Yup, en efecto, aquí es el momento en el que nos encandila, tanto para bien, como para mal. El subplot apresurado en el que las amistades adultas decaen, la depresión inadvertida en la que cae el grupo de amigos al no saberse parte de un grupo sólido de personas, el aislamiento autoinflingido por el que Robin se obliga a pasar al llevarse la peor y más valiente parte del trato de divorcio-entre-un-grupo-de-amigos, son de esos grandes momentos emocionales que HIMYM siempre supo manejar tan magistralmente (te estoy viendo a ti, arco de la muerte del padre de Marshall). Los actores, una vez más, impulsados por la imperiosa presencia de Cobie Smulders, nos hacen sentir esa nostalgia por los buenos tiempos, ese desdén agridulce por las personas amadas que se alejan y esa maníaca necesidad de regresar a los buenos tiempos. This is How I Met Your Mother at it’s finest.  This is why we’re here.

DADDY IS HOME

Kuddos enormes a Neil Patrick Harris en la escena en la que sostiene a su hija. Mega Kuddos. Cerraron el círculo de humanizar a Barney con la terrible decisión de embarazar a un hookup casual después de pasar por una segunda adolescencia y le agregaron el hermoso cliché de que los hijos son lo que más nos motiva para mejorar. Cosa que, obviamente, se vio empañada por el hecho de que esto nunca estuvo en discusión en el matrimonio de Robin y Barney, regresando al infame tema de “simplemente dejar morir las cosas”. Pero, una vez más, Kudos a NPH, dándonos su última gran actuación de la serie. You’re gonna be missed, bro.

hKqtHmJ

Daddy’s Home

 

SO… THE MOTHER WHAT?

Cristin Milioti tenía los zapatos más grandes para llenar en la televisión actual. Ted Mosby pasó nueve años hablándonos de lo maravillosa y perfecta que es la titular Madre. La Madre. Escondida, difusa, entrelíneas, La Madre, es la razón del crecimiento, no sólo de Ted, si no de los demás personajes a su alrededor. Y llenó los metafóricos zapatos de más. Nos entregó a una madre encantadora, compasiva; una madre que comprendía el corazón incomprendido (JAJA!) de Ted Mosby, una madre que se estableció en el grupo de amigos no sólo por bangearse a Ted, si no por el corazón de todos. En veintidós episodios de la novena temporada, pudimos darnos cuenta de la extensión de su bondad. La Madre se llamaba Tracy McConnell.

Y nada de ésto importó. El episodio final nos presenta una serie de apresurados fast forwards (hola, Lost) en el que rompen una de las reglas más sagradas del guionismo y las buenas costumbres literarias: Show, don’t tell. Nos resumen la relación de Tracy con Ted, su interacción con el grupo, su nula participación o influencia en la dinámica de éste y el absurdo detalle de esperar cinco años comprometidos para casarse.  Ted no es un pelmazo. Bueno, sí lo es, pero nos dieron razones por nueve años del porqué no es un entero pelmazo. ¡Era un romántico! decían. ¡Él está esperando el verdadero amor!, gritaban por otro lado. Nada de eso importó al final bajo la terrible decisión de darnos una dosis resumida de lo mucho que valió la pena ver a Mosby en sus momentos más bajos. Ni siquiera cuando murió el amor de su vida, La Madre.

Ah, sí, porque La Madre muere. Un tema también telegrafiado desde antes y previsto por las mentes supremas que todo lo saben del internet. Un gran twist merecedor del final, de hecho. Pero no nos muestran el dolor de Ted, de sus hijos, del grupo. El impacto que tiene La Madre sobre toda la serie es minimizado para darnos al final, simplemente, una máquina de hijos.

THE FRENCH BLUE HORN 

Y todo regresa al inicio, al mismo sillón en el que estaban los hijos y en donde Not-Bob-Saget está contándoles la historia de Cómo conoció a su tía Robin para pedirles permiso para poder bangéarsela otra vez. Seis años después de la muerte de su madre, mind you. La escena (terriblemente editada y peor actuada por los niños que, hace nueve años, seguramente empezaban con su carrera actoral) fue filmada desde la primer temporada, de hecho, para decirnos que éste es el final que los escritores tenían pensado desde la primera temporada. No la sexta, o la séptima, o la octava o la novena en la que tuvieron que pasar la mitad de la temporada encerrados en cuartos y separados en diferentes localidades porque no podían ponerse de acuerdo con el itinerario de sus estrellas. No, no, no. La primera. Desde el principio sabíamos que Robin era la indicada, la mujer junto con la que Ted envejecería y vería su último amanecer acompañado de sus hijos paridos por una máquina que sólo fue un peón más en el eterno capricho de Ted Mosby por estar junto con Robin. ¿Cómo que no nos dimos cuenta? Las pistas estuvieron ahí todo el tiempo… además de todos los esfuerzos de los escritores por engañarnos y decirnos que no, lo de Robin y Ted no funciona por más obstinados que sean. No, no, no, se quieren mucho pero, si Ted la imagina flotando el día de su boda, entonces le permitirá abrir su corazón de piedra para poder encontrar a su verdadero amor. Pero, claro, el mensaje final es que tu “Backup Wife” significa “Amor verdadero”.  Y ahí está, entonces, Ted Mosby, una vez más debajo de la ventana de Robin Scherbatsky, llevándole el Corno Francés azul que robó para ella. El círculo se cierra y, como dijo Rust Cohle:

Time is a flat circle, everything we’re done or will do, we’re gonna do over and over again.

Rust Cohle siempre con tanta sabiduría para éstos momentos.

A pesar de un final que considero tan errado, tan terriblemente planeado y tan estúpidamente falso, HIMYM nos regaló grandes momentos en toda su existencia, momentos que quedarán con nosotros como nuestros propios recuerdos y que reviviremos una y otra vez. Hasta llegar a la temporada nueve. Fuck Linus.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s